IRE DE VIAJE

Por qué perderse viajando puede ser lo mejor que te pase

¿Alguna vez te pasó que te pierdes y en vez de ser un problema, resulta ser lo mejor que te puede pasar? A mí sí. Te voy a contar la historia de cómo me pasó en el Bolsón, en la Patagonia, y cómo terminé aprendiendo una de las lecciones más valiosas de mis viajes.

Fui al Bolsón con poco tiempo y la idea fija de hacer el trekking hasta el Cajón del Azul. Ocho horas de caminata (ida y vuelta), subidas interminables y un cansancio que me dejó knock out. La primera tarde llegué tan agotada al refugio que ni siquiera me quedé a disfrutar el Cajón del Azul, que era la razón por la que estaba ahí. Solo lo miré de reojo y pensé: qué hermoso… pero necesito una cama ya.

Al día siguiente tenía que tomar un bus temprano a Bariloche, así que me propuse lo que parecía un plan imposible: levantarme a las 6 de la mañana, hacer el recorrido yo sola y regresar antes de la hora límite.

Imagínate: 6 de la mañana, Patagonia, todo el mundo durmiendo, yo sola con mi mochila. Un cartelito decía “siga para el Cajón del Azul” y allá voy. Al rato llego a un acantilado, nadie, nada, solo árboles y grillos. Me dio miedo y me regresé.

Más tarde, le pregunté a un señor del refugio y me confirmó que sí, ese era el camino, pero había que seguir un poquito más, aunque parecía peligroso. Yo, con miedo y todo, decidí intentarlo otra vez.

Seguí caminando, escuchando solo el sonido de los sapitos y mis pensamientos: ¿qué hago aquí? ¿Y si me sale un animal raro? ¿Y si me pierdo? Pero también me repetía: sigue, sigue, no viniste hasta aquí para echarte atrás.

Ese día entendí que muchas veces el miedo está solo en nuestra cabeza. Claro, hay riesgos reales en los viajes y hay que tener cuidado, pero en mi caso el verdadero obstáculo era mi propio temor.

La vida es así: a veces damos mil vueltas, nos perdemos, nos asustamos… y resulta que lo que buscamos siempre estuvo más cerca de lo que pensábamos. Pero si no me hubiera perdido, no habría vivido la experiencia ni aprendido a confiar en mí misma.

Perderse no siempre es un error. A veces es justo lo que necesitas para encontrarte, para atreverte, para darte cuenta de lo fuerte que eres.

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