IRE DE VIAJE

Buenos Aires en violeta, la magia de los jacarandás

Hay unas semanas al año en las que Buenos Aires se ve distinta, las veredas se llenan de pétalos lilas, las copas de los árboles se vuelven violetas y sin que te des cuenta, la ciudad se siente diferente, eso pasa cuando florecen los jacarandás.

En septiembre Buenos Aires entra en su versión más linda. Palermo, Recoleta, la 9 de Julio, la Plaza de Mayo… todo queda cubierto de flores.

¿Qué es un jacarandá?

Es un árbol sudamericano que en primavera pierde casi todas sus hojas y se llena de flores violetas.
Pero no es un violeta cualquiera: es suave, delicado, casi irreal.

Por qué Buenos Aires está llena de jacarandás

Aunque es un árbol nativo de esta parte del mundo, la ciudad no siempre se veía así.

A finales del siglo XIX, Buenos Aires empezó a diseñar sus parques y avenidas para que se sintieran más verdes, más abiertas, ahí entra Carlos Thays, el paisajista que creó lugares como el Jardín Botánico y el Parque Tres de Febrero. Él fue quien impulsó la plantación masiva de jacarandás porque se adaptaban bien al clima, no rompían las aceras y, además, eran impresionantes cuando florecían.

Hoy hay más de diez mil en toda la ciudad.
Y cuando florecen todos juntos… se nota.

Lo que representan

Más allá de lo lindos que son, los jacarandás se asocian con varias cosas:

  • Renovación, porque florecen cuando la ciudad vuelve a activarse después del invierno
  • Esperanza, porque anuncian que se viene una etapa más cálida y luminosa
  • Identidad porteña, porque ya son parte del paisaje emocional de Buenos Aires

Para muchos porteños, cuando aparecen los jacarandás es como decir: ok, ahora sí empezó la primavera.

Dónde verlos más lindos

Aunque están por toda la ciudad, hay lugares donde se ven increíbles:

  • Avenida 9 de Julio
  • Plaza San Martín
  • Palermo (sobre todo alrededor de los parques)
  • Recoleta
  • Avenida Figueroa Alcorta

Lo que más me gusta de los jacarandás no es solo verlos en los árboles, sino cuando empiezan a caer. Las flores en el piso, los pétalos pegados a las zapatillas, el viento moviéndolos por la vereda…

Es una de esas cosas que no salen en los folletos turísticos, pero que te hacen enamorarte de Buenos Aires.

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